Una mirada se multiplica en alas de libertad cuando es una mirada limpia, en la que reconocerse, una mirada que acoge y arrulla, que espanta cualquier desconfianza.
Una mirada pública, una mirada privada. Una mirada de reconocimiento en ese palpitar de identidades construidas de dos personas juntas. Unas manos que trazan un dibujo en una espalda, y se hunden en ella.
"Me hundo en tu espalda olisqueando
y arañando aristas, y grietas por donde colarme
y nacer con ojeras renovadas.
Me hundo en tu espalda
y salgo cristalina a amaneceres nuevos,
enroscada en mordiscos y gemidos de animal.
Me hundo en tu espalda"
No se si alguna vez hubo tal mirada. Me cuesta asimilarlo. Una gran mujer que admiro, libre y madura me lo dice hoy con una mirada certera e impregnada de casi dolor que me extraña cuando le cuento este poema pero de otro forma. Ella me dice. Nunca podrás amar a nadie así de nuevo, es duro que te lo diga y no es justo además. Por aquí pasan muchas personas, y en contadas ocasiones he visto el amor que he visto en tu mirada al contarme esto. La mayoría de la gente no ama, se miran a si mismas, y desde ahí viven. Lo peor de todo, es que el nunca quiso tener esa gran oportunidad que hubiera sido amarte. No te ha dejado. Así son la mayoría de los hombres.
Me voy sobrecogida a mi casa. No me lo puedo creer, a cada esquina que voy transitando a la vuelta, me interrogo de si nunca mas detrás de una de ellas, habrá una mirada que te atraviese entera. Quiero vivirlo, y quiero vivir esa experiencia siendo recíproca.
Mis pensamientos vuelan hacia la idea reconfortante de que los designios que me ha trasladado mi hermosa maestra son producto de una experiencia desgarradora que me confesó haber tenido, y se estaba proyectando en mi. Luego se casó y tuvo dos hijas hermosas. Quería ser madre, y quería un compañero.
No obstante la realidad es que hace ya un tiempo que no puedo conectar con otros amantes. Y que mi autoestima se ha visto tocada, empeñada en evolucionar alcanzando esa estupida o no creencia de que lo bello y de verdad liberador es amar por encima de que te amen . Soberana estupidez no aceptar la pequeñez del alma humana. Ahora toca desintoxicación y rezar a mi buda para volver a tener ganas de enredarme con otros cuerpos a ese nivel. Y quizás ser mas sabia un día de estos. Y el sigue ahí. No entiendo su empeño. Quizás mejor no saberlo.